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viernes, 30 de diciembre de 2011

Restos de temporada 2011

Esto de mantener un blog puede ser agotador. Quizá debería hacer como otros, que leen tanto o más que yo, pero publican menos entradas. Dicho de otra manera, sacrifican la cantidad por la calidad. Sin embargo, dado que, en el fondo, este blog no es más que mi diario de lecturas, me gusta consignar en él todo lo que leo. Así que aquí viene una lista de libros leídos este año a los que, por vagancia, falta de tiempo, o incapacidad de decir nada inteligente, no les he dedicado la entrada que merecían y tienen que conformarse, en algunos casos, con una triste línea.


Leer a Dostoievski me rejuvenece. Hubo un tiempo en que uno leía y se entusiasmaba y gritaba a los personajes: "¡sí! ¡es así! ¡yo te entiendo! ¡sé cómo te sientes!" Este libro nos devuelve a aquellos tiempos. Leyendo las desventuras del viejo funcionario Makar Alekséievich o las de la huerfanita Varinka es difícil no sentirse otra vez como un adolescente: triste y confundido, pero lleno de pasión.


Retrato de la vida en la ciudad soviética de los años 20. Toque de genio en breves relatos sobre funcionarios corruptos, antiguos aristócratas de incógnito, borrachines y odio entre vecinos. 


Con esta novela gráfica se dio a conocer Alfonso Zapico. Llegar y besar el santo, dado que con ella ganó el Prix BD Romanesque en Francia. Zapico, que es un enamorado de la gran novela rusa y francesa del XIX, creó una obra de gran interés y sencilla lectura sobre unos temas tan profundos como universales: el valor, la traición, el perdón, nuestra condición humana por encima de nacionalidades, y la cultura como la vía hacia nuestra plena realización como personas.
El dibujo de Zapico, sencillo, efectivo y sin florituras de diseño, me ha recordado a las ilustraciones de Hergé aunque con un trazo, ¿cómo decirlo?, algo más cálido y humano. Uno se da cuenta de que el autor siente verdadero cariño por sus personajes, en especial por Bertenev, el despistado profesor, liberal y humanista, incapaz de matar una mosca y reclutado prácticamente a la fuerza; pero también por el capitán Townsend, tan zafio como fiel a sus principios; o incluso por el despiadado Golitnicheff, el superior de Bertenev, que jura vengarse de la traición de su subordinado.
Una estupenda lectura.


Esta excelente recomendación de Ricardo empieza como una historia de amor en los años del nazismo y la guerra. Narrada con gran sensibilidad sin caer jamás en la sensiblería, tiene muchos puntos en común con Berlín, otra fascinante crónica del auge del nazismo.
Sólo se me ocurre un pero a esta novela gráfica: ésta es la primera parte, publicada en 2002, y a saber cuándo se publicarán en castellano los tomos restantes.


Como ya he dicho en alguna otra ocasión, leer la obra maestra de un autor antes que toda su obra anterior es un error: todo lo demás nos sabrá a obra menor. Me sucedió, entre otros, con Sebald y Austerlitz, con Murakami y la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (aunque algunos dicen que 1q84 es mejor), y con Joe Sacco.  Palestina. En la franja de Gaza es una muy buena novela gráfica, pero no ha dejado de parecerme un preámbulo a la extraordinaria Notas al pie de Gaza. Como en esta última, Sacco nos ofrece unos retratos de los personajes con los que se encuentra y comparte vida, casa, café, chaparrones o comida, pero nunca calzoncillos, y los convierte, para el lector, casi en amigos de la familia. Y de nuevo, es de agradecer la ecuanimidad de Sacco al retratar el conflicto palestino-israelí, pese a en ningún momento ocultar su simpatía por la causa palestina. 
La fijación de Sacco por las dentaduras es quizá aquí más acusada que en Notas...


Llegué a este libro tras la lectura de El regreso del húligan; me parecía una manera interesante de seguir explorando la Rumanía de Manea, Eliade y Sebastian y su literatura. Desgraciadamente, y a juzgar por este libro, Eliade, como autor de ficción, me pareció, si no malo, sí bastante coñazo. Es una pena, porque la premisa inicial de algunas de las historias era bastante interesante. Sin embargo, la lectura se hace farragosa y tediosa por culpa de un estilo pomposo, sobrecargado, y lleno de un seudomisticismo bastante soso. De las cinco historias, me quedé a mitad de la segunda.


Sólo recuerdo dos cosas de este libro: que no entendí ni jota y que me gustó mucho.


En mi aún no tan lejana juventud leí El sueño de los héroes, libro que me maravilló. Esa novela y un par de colecciones de cuentos era todo lo que había leído de Bioy Casares, por lo que desde hacía tiempo tenía muchas ganas de leer el que nos ocupa. Se dice, además, que Borges calificó La invención de Morel como "una novela perfecta". Ahí es nada. Sin embargo, aunque no era muy aficionado a las boutades, me temo que aquí se le escapó una, tanto peor cuanto que viene del profeta de la reescritura infinita, que es otro modo de decir que no existe la obra perfecta.
Con una boutade hay suficiente, así que no voy a decir que La invención... no es una buena novela (aunque sí afirmo que está muy lejos de la "perfección"). Parte de una idea muy interesante, y es innegable que el trasfondo filosófico tiene mucha enjundia. ¿El problema? Pues que a pesar de su brevedad, se hace laaarga. La culpa de ello la tiene, en parte, la, para mí, imperdonable falta que comete Bioy Casares (pese a que son legión los escritores que tienen este vicio), a saber, regodearse en tediosas descripciones de lugares imaginarios, y en este caso, incluso de máquinas fantásticas. 
Mientras leía La invención... se me ocurría que, con tantos dobles atardeceres, con tantos paseos, con tantos encuentros sin palabras entre un hombre y una mujer, y con la ya mencionada enjundia filosófica, algún director de cine francés debió de llevar la novela al cine en los años 60. Bingo. Y no fue sólo uno sino dos, Alain Resnais y Claude-Jean Bonnardot. Porque el libro es así, como una peli de la nouvelle vague.


Una gota más de leche que Acantilado ha conseguido exprimir de la ubre Zweig. Breve historia que, con el tamaño de letra adecuado, puede alargarse hasta las 60 páginas que justifiquen la publicación de esta historia por separado. Se trata de una historia sobre el tema del doble, (en su variante opuestos-complementarios), que, por su trama, podría haber sido sacada del Decamerón. Narrada con la habitual maestría y profesionalidad de Zweig, no deja de ser, a mi juicio, una historia menor del autor vienés.


Fup, una especie de palabrota suavizada, en español se tradujo como Jop. Esta novelita (o, como la subtitula el autor, "fábula moderna") tiene un comienzo absolutamente desgarrador, aunque pronto se encauza por el camino de lo entrañable, con unos personajes divertidos e interesantes. Se trata de una historia original y sencilla, de ambiente rural y protagonizada por personajes al margen de la sociedad. Como se señala en la introducción, quizá "fábula" no es el término adecuado, y se acerca más a la parábola, aunque los escasos pero evidentes elementos sobrenaturales nos alejan también de ese género. Tenemos abundancia de detalles, símbolos, imágenes y sugerencias, desperdigados por aquí y por allá de manera tal que parecen iluminarnos el camino pero que, de hecho, lo hacen más enigmático e interesante. No me ha despertado el fervor casi religioso que inspira a la mayoría de sus lectores, pero creo que eso se debe a que no lo he leído en el momento adecuado.
Muy interesante prólogo, y una entretenida entrevista de Kiko Amat al autor. Muy cuidada edición de Captain Swing, con preciosas ilustraciones, donde, una vez más, la revisión de la traducción se la han encargado a la señora de la limpieza (con todos mis respetos; mi madre lo fue muchos años). Nombres propios que cambian, que a veces se traducen y a veces no, y un dolorosísimo "inflingido" del que todavía me estoy recuperando.

Os deseo un feliz fin de año y que 2012 sea mejor para todos. 

viernes, 20 de mayo de 2011

La pista de hielo, de Roberto Bolaño


Ésta fue la primera novela que escribió Bolaño, y de ella se nos dice en la contraportada lo que se suele decir de las novelas primerizas de cualquier gran escritor: "aquí encontrará el lector las claves del universo literario de Roberto Bolaño". Y por una vez, esa frase tan original es cierta.
En La pista de hielo el lector se reencuentra con los motivos, personajes y estilo habituales de Bolaño. Ahí están el poeta latinoamericano desarraigado, la Costa Brava, el trabajo en un camping, la obsesión por la literatura, la narración a varias voces, la loca con cuchillo, la trama policial... Y digo "se reencuentra", pese a ser su primera novela, porque imagino que, como yo, la mayoría de lectores de este libro lo hacen tras haber leído Los detectives Salvajes o 2666.
La historia, narrada desde el punto de vista de tres personajes relacionados más o menos estrechamente, se sitúa en Z, una ciudad costera que podría perfectamente ser el Blanes tan querido de Bolaño, y nos cuenta un caso de corrupción local mezclado con un triángulo amoroso y que culmina, cómo no, en un asesinato.
Al lector que se enfrenta a La pista de hielo le resulta imposible sustraerse a la influencia de Los Detectives Salvajes. Esta novela primeriza debió de sorprender, y mucho, a sus primeros y no muy numerosos lectores. El lector de hoy, conocedor ya de Bolaño, no puede sorprenderse tanto, y su lectura tiene para él algo de ejercicio arqueológico: mira, aquí están los cimientos de la literatura bolañiana.
Sin duda Bolaño, que quizá tenía la vista puesta ya en su gran obra, aprendió y pulió mucho su estilo al escribir este libro. Aprendió, en primer lugar, qué funciona, y decidió mantenerlo, enriquecerlo y, en ocasiones, llevarlo al extremo. Me refiero, sobre todo, a la polifonía, que tan compleja se vuelve en Los detectives, o a la transformación en literatura de cada elemento de su vida, sin llegar a tener por ello absolutamente nada de autobiográfico. En segundo lugar, aprendió qué había que perfeccionar, por ejemplo dar a cada voz de esa polifonía un registro claramente reconocible, ya que en este libro las tres voces son prácticamente idénticas.Y por último, aprendió también qué es lo que no funciona, como es en este caso la misma pista de hielo a que hace mención el título, una pista que no funciona como símbolo, metáfora ni misterio.
A modo de conclusión, creo que La pista de hielo, un libro breve y de lectura sencilla, sorprenderá gratamente a los no iniciados en la literatura bolañil. En mi opinión, sin embargo, pese a tener una calidad muy superior a muchas medianías de nuestra literatura, es de lo más flojito que escribió mi admirado Bolaño. Así que, si les gusta, prepárense, porque no saben lo que les espera.

domingo, 10 de abril de 2011

La literatura nazi en América, de Roberto Bolaño

Recomendable tanto para acreditados bolañeros como para novatos en el bolañismo, este libro hará las delicias de niños y mayores.
De engañoso título, que nos hace pensar en un ensayo, La literatura nazi..., escrito a modo de diccionario de autores, no es sino una galería de escritores americanos ficticios, a cual más nazi, con una sinopsis de sus obras y, sobre todo, sus vidas, a veces pintorescas, otras anodinas, por esos mundos de Adolf.

Hablar sobre la escritura de Bolaño es rendirse a los lugares comunes de la gran literatura. Vamos con uno: Bolaño fue un escritor adelantado a su tiempo. Cierto. En algunos casos eso puede ser una bendición para la gloria literaria póstuma, y en otros, una penitencia. Para el segundo caso, se me ocurre, por ejemplo, el nombre de Anthony Burgess. El genial escritor mancuniano, de haber vivido hoy, sería un superventas de prestigio, una suerte de Murakami con más imaginación, sentido del humor y desfachatez. Pero el destino ha querido que, aparte de sus incondicionales, no sean hoy muchos los que pueden añadir algo al "sí hombre, el de La Naranja mecánica, de Kubrick". 
No pasará eso, sospecho, con Bolaño. Creo que el genio de sus novelas, que hoy nos maravilla, seguirá vigente muchos años. Momento de traer otro lugar común: Bolaño es un faro que iluminará el camino a seguir a las generaciones posteriores. Cierto. Y esto es así porque todavía estamos como unos tontos buscando las claves para interpretar a Bolaño.
Leyendo reseñas sobre cualquier libro de nuestro autor, uno se da cuenta de que con frecuencia el reseñador, más que hablar del libro, habla de sí mismo o, como voy a hacer yo, se sale por la tangente. Nos llama la atención la ausencia de ciertas cuestiones habituales en las reseñas, tales como "¿por qué este personaje actúa así?" o "aquí la intención del autor es", y en lugar de ello, nos vemos dando vueltas alrededor de la obra, sin saber muy bien cómo entrar en ella. 
Creo que era en El gaucho insufrible donde Bolaño se reía de la devoción del público hacia Pérez-Reverte. "Nos gusta porque se entiende", venía a decir, como sólo sabía decirlo él, es decir, sin un ápice de pedantería. Dudo que Bolaño quisiera escribir novelas que no se entienden, pero sí afirmó en alguna entrevista que la novela "tradicional", léase decimonónica, con una introducción, un nudo y un desenlace, con sus porqués, sus causas y sus consecuencias, y con desarrollo temporal lineal (aunque se camufle con saltos hacia atrás o hacia delante) estaba acabada (lo cual, insistía, no quería decir que no fuera a seguir escribiéndose y vendiéndose con gran éxito). Y es por eso que casi todas esas características están en mayor o menor medida ausentes de las novelas de Bolaño.
Todo ello no quiere decir que no tengamos algunas de esas claves, de las que hablaba antes, para aproximarnos a la obra de Bolaño (hecha la salvedad de que para disfrutarla no se precisan claves ni otras zarandajas). ¿Cuáles son esas claves? Pues llegó el momento de salirse por la tangente:  en La literatura nazi... , amén del germen de ideas más explotadas en obras posteriores (por ejemplo la búsqueda de poetas olvidados o el planeado secuestro de dinosaurios literarios), tenemos algunos de los motivos recurrentes en Bolaño, a saber, la pasión devenida violencia por la literatura, los poetas malditos que anhelan crear el arte más efimero imaginable, una narración que de un párrafo al siguiente se desplaza de un rincón a otro del mundo, personajes al margen de la sociedad que son también escritores al margen de la literatura, un Bolaño que hacia el final se va quitando la máscara de narrador para ponerse la de personaje, una burla del mundillo literario, una historia de detectives y matones, y mucho muchísimo sentido del humor. 
Intensa, ágil, entretenida, original, divertida, y con el sello Bolaño de genialidad. Una gozada de lectura. 

jueves, 30 de diciembre de 2010

Restos de temporada (2)

¿Fue él?, de Stefan Zweig
Zweig siempre nos hace reencontrarnos con el placer de las historias bien escritas y, aunque suene filisteo, a la manera clásica, es decir, de personajes bien dibujados, historias bien desarrolladas, con su planteamiento, su nudo y su desenlace, y donde el escritor se preocupa más del lector que de su propio ego. ¿Fue él? es una excelente historia de celos que consigue escapar del terreno acostumbrado para este tipo de historias (esposos, hijos, socios), y ofrecernos una nueva perspectiva (un perro). Uno se pregunta si Zweig era capaz de escribir algo malo (lo era: Los Ojos del hermano eterno era un tostón pretencioso, y El Candelabro Enterrado, otro tanto; como les sucede a tantos autores, se pierde cuando sale del terreno conocido). 
Hay que decir, sin embargo, que la publicación de este y otros cuentos en una colección sería beneficioso no sólo para el bolsillo del lector, sino también para apreciar el gran talento del escritor austriaco. Porque lo de Acantilado y Stefan Zweig es de escándalo. Con el éxito de aquellas ediciones de Carta de una desconocida o Veinticuatro horas en la vida de una mujer descubrieron que en Zweig tenían un auténtico filón. Desde entonces no han dejado de publicar hasta novela tras novela, biografía tras biografía, o, como en este caso, cuentecillo tras cuentecillo. Bien... si no fuera porque estos cuentecillos deberían publicarse reunidos en una colección. ¿Alguien se imagina publicar uno por uno los cuentos de cualquier otro escritor?

Ghost World, de Daniel Clowes
Buscando la imagen que acompaña al texto, me he dado cuenta de que se hizo una película de este libro, con una jovencísima y despampanante Scarlett Johansson, y no sólo eso, sino que además la vi hace unos cuantos años. Sí, ya me acuerdo. Steve Buscemi hacía el papel de Skeetes, que, la verdad, le iba que ni pintado. Sin embargo, mientras leía el libro, en ningún momento tuve la sensación de estar repitiendo. Quizá la película no fue tan memorable, quizá falla algo con mi memoria, quizá es algo absolutamente normal que le pasa a todo el mndo.
Divagaciones aparte, la verdad es que Ghost World es un excelente retrato de la adolescencia en el que Daniel Clowes, pese a tratar un tema tan trillado, es capaz de encontrar un tono fresco y entregarnos una historia diferente. Triste. Mucho más dura de lo que parece.

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Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, de A.G. Porta y Roberto Bolaño
Supongo que se debe a que he leído algo a Bolaño y nada a Porta, pero esta novela me parece 100 por 100 bolañesca, bolañiana y bolañil. Como tantas otras novelas primerizas reeditadas de manera semipóstuma (Porta sigue vivo, y espero que por muchos años), el mayor interés radica no en lo que es sino en lo que promete. Descaro, acción y pasión por la literatura.
Consejos... es, antes que nada, una novela muy entretenida que se lee de un tirón. El narrador, Andrés Ros, débil e inseguro aspirante a escritor, se ve arrastrado por su compañera Ana, frívola y cruel, a robar a la casera de esta y matarla. Empieza entonces su vida en la clandestinidad, que ambos saben sólo puede acabar mal. 
La breve historia que completa el libro, "Diario de Bar", es una pequeña maravilla.


Los Gitanos, de A.S. Pushkin
Uno de los sueños que tiene cualquiera a quien un día le da por estudiar ruso es llegar a leer algún día a Pushkin en el original. Pues servidor ha hecho realidad su sueño. Desde luego, mi nivel no me permite apreciar la belleza del estilo de Pushkin al cien por cien, pero creo que sí me ha permitido disfrutar de ese estilo más que si lo hubiera leído en una traducción. Porque ése es el principal motivo de que Pushkin no goce entre nosotros de la popularidad que se merecería. Aparte de Eugenio Oneguin, la obra de este poeta se considera como algo de rusos y para rusos (o estudiantes de), algo que de hecho sucede con la poesía en general. Su obra lírica, de una popularidad en su país incomparable con ninguno de nuestros poetas, pierde demasiados quilates con la traducción, por muy buena que ésta sea.
Los Gitanos narra una historia muy propia del romanticismo (es difícil imaginar a Pushkin sin Byron), con el hombre civilizado que anhela la pureza del buen salvaje.
Tengo en casa casi todas las grandes novelas en verso de Pushkin, en ruso, que compré en la todavía Unión Soviética allá por finales de 1990. A ver si un día de éstos me atrevo con Ruslán y Ludmila.



La historia del buen viejo y la bella muchacha, de Italo Svevo
La historia del viejo que quiere echar una canita al aire con una ninfa, virgen, o cándida pastorcilla se ha contado en numerosas ocasiones. Me vienen a la mente ahora La casa de las bellas durmientes, de Kawabata, o las Memorias de mis putas tristes (que no he leído), de García Márquez. Con la primera, aparte de la premisa básica, poco más tiene que ver.
Del buen viejo, que a ratos pierde el adjetivo, sabemos que es viudo, que trabaja en una oficina, que es probablemente un poderoso empresario a quien la Gran Guerra le está haciendo cada día más rico, lo cual no deja de corroerle la conciencia, y que se trata de una persona influyente, a quien acude la gente para que interceda por ellos y les consiga un puesto de trabajo.
Un día se cruza en su camino una cándida jovencita, y el buen viejo, halagado en su doble faceta de hombre poderoso y figura paternal, no puede resistirse a sus encantos y decide llevarla al huerto bajo la promesa de encontrarle un trabajo mejor. A partir de ese momento, el viejo se debate entre su conciencia,  su amor propio, que la jovencita no tardará en herir,  y las últimas pulsiones de su deseo.

"El deseo en él era virilmente sereno, pero total. Eso era algo indudable. No recordaba que en su juventud, como persona delicada que era, cada vez que había comenzado una aventura semejante a aquélla se había debatido entre los grandes problemas del bien y del mal. Ahora sólo veía un aspecto de la cuestión y le parecía que lo que él iba a coger le correspondía, cuando menos como una compensación por todo el tiempo que había estado privado de tanto gozo."

No tardará en darse cuenta de que ha caído en las delicadas garras de una pelandusca.
Y así, a través de esta historia tan vieja y manida, Svevo retrata con una maestría pasmosa la grandeza, la ingenuidad y la miseria del alma humana.


Mad Men, cuarta temporada.
Ya decía, en la reseña de la tercera temporada, que esta serie había cambiado algunos de sus planteamientos iniciales. Esta serie de cambios se han consolidado en esta temporada. Ha cobrado aún más importancia el trabajo actoral y el desarrollo de los actores, y la ha perdido el retrato de la época. De hecho, aparte de la guerra de Vietnam de fondo, pocas pistas nos indican que estamos en 1964. Los temas sociales, como el racismo, el sexismo, siguen presentes, pero cada vez  de forma más anecdótica. Por otra parte, algunos de los personajes, como Roger Sterling, se van convirtiendo cada vez más en esterotipos de sí mismos. Roger era un personaje interesante en las dos primeras temporadas; en ésta es bastante anodino. Y Pete Campbell, desde que se ha "hecho bueno", puede que haya ganado verosimilitud, pero ha perdido interés. En conclusión, sigue siendo una serie espléndida, aunque probablemente ésta sea la temporada más floja de las cuatro. 

jueves, 23 de diciembre de 2010

Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño (2)

Entiendo perfectamente a los que consideran a Bolaño un genio, a los que piensan que representa la voz más innovadora en lengua castellana de las últimas décadas, a los que dicen que ha marcado un antes y un después.
Pero también entiendo perfectamente a los que piensan que es un escritor más que sobrevalorado, a los que opinan que sus novelas carecen de un argumento capaz de interesar a nadie, a los que piensan que engancha palabra con palabra, frase con frase, página con página, e historia con historia para al final no decir nada, a los que se aburren con personajes que no hacen más que follar y leer poesía.
Los entiendo perfectamente a todos. ¿Y a qué se debe esta capacidad de comprensión? Pues a que yo estuve allí, y ahora estoy aquí. Estuve limpio mucho tiempo. Resistí. Me decían "¿Un poquito de Bolaño?" y yo decía "¡no!". Venga, que no pasa nada. ¡No!... Y ahora aquí me tenéis. Enganchado. Condenado.

Así empezó todo, con esta primera frase:

He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.

La frase es del narrador de la primera y tercera parte, Juan García Madero, personaje con mucho del autor. Más del autor tiene otro personaje, Arturo Belano, uno de los grandes nombres del real visceralismo. En cualquier caso, no hay duda de que la escritura de Bolaño mismo es visceral. Realista y visceral. Es visceral en el sentido de que el autor se vuelca, o mejor dicho, y por romper de paso el tópico, Bolaño se vomita a sí mismo sobre el papel. Quien lee a Bolaño, lo conoce. No puede ser de otra manera, después de pasar 600 páginas en compañía de sus vísceras.

¿Quieres ganar el Herralde? Pues te voy a dar un consejo: sé tú mismo.

De acuerdo, la sinceridad no es necesariamente una virtud en la literatura. Todos sabemos de aquel poeta de refinadísima sensibilidad que resultó ser un simpatizante nazi, o de aquel novelista, tan comprometido con la libertad, que en sus ratos libres se dedica al castrismo. Y pese a que no por ello dejamos de admirarlos y tenerlos en altísima estima, la verdad es que tamaño descubrimiento no deja de sorprendernos ingratamente. Ergo la sinceridad sí puede ser una virtud, en tanto en cuanto que uno lee a Bolaño y sabe que no tendrá que hacer de tripas corazón por sus esqueletos en el armario. Hay lo que hay. Pasión enfermiza por la lectura, espíritu independiente, insumisión hacia los cánones, indiferencia ante el éxito, poesía a raudales, tanta erudición como candidez, y toda la vida del autor desgranada en sus personajes y sus incontables historias. Porque...

...en este autor es imposible separar su vida de su obra literaria. Toma ya lugar común. Pero con Bolaño es diferente. Los Detectives Salvajes es la vida de Bolaño. Por descontado esto no tiene nada que ver con una escritura autobiográfica. Bolaño es literatura, su vida es literatura, se alimentó de literatura y probablemente murió de lo mismo. Puedo verlo pasando las noches en vela leyendo, fumando y leyendo, encadenando un  libro con la colilla del anterior. Y Los Detectives... = Bolaño = literatura.


¿Cómo? ¿Que de qué trata Los Detectives Salvajes? Ah, bueno, y yo qué sé. Pues supogo que trata de...

(retiro temporalmente el resto de la reseña, que voy a presentar a un concurso que hay por ahí).

viernes, 17 de diciembre de 2010

Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño

Empecé Los Detectives Salvajes hará un par de años, y la dejé en la página ciento y pico por parecerme un soberano coñazo. Sería que no estaba maduro.
¿Pero cómo? ¿Inmaduro, yo? 
Como buen cateto que soy, tuve que ver cómo Bolaño se ha convertido en la sensación literaria en los EEUU, para decidirme a darle una segunda oportunidad. Bueno, sucedió eso y que leí algunas de sus obras menores en el interín. 
Después de El Gaucho Insufrible, Entre Paréntesis, y alguna otra de cuyo nombre, me había convertido en lector con fuertes inclinaciones Bolañistas. Deseaba, anhelaba que Los Detectives... me gustara. Mis sueños se han hecho realidad.
Hállome en la página 369, y todavía me faltan unas 240,de un libro gordo gordo gordo y apretao.  Y tengo que decir que a la incontenible verborrea de Bolaño no le sobra ni una palabra.
Continuará.

martes, 13 de abril de 2010

Entre paréntesis, de Roberto Bolaño


Roberto Bolaño es curioso, en todos los sentidos de la palabra. Poderoso e impotente a la vez ante su casi enfermiza pasión por la literatura, Bolaño se desnuda en sus artículos, o mejor habría que decir se arranca la piel a tiras para entregársenos por completo. Bolaño nos entrega su alma, que está hecha de amor, pasión por la vida y literatura. Poco más llegamos a saber de él, y al mismo tiempo sabemos tanto. En primer lugar, Bolaño es buena persona (y digo "es" porque después de leer este libro es inconcebible que su autor pueda haber muerto). Es buena persona, y eso despierta sospechas, o por decirlo más claramente, te granjea odios. A Bolaño lo odiaron los engreídos, los falsos, y la gentuza que no es capaz de entender que alguien entienda la libertad como la entendía, la entiende, Bolaño.
En segundo lugar, Bolaño ama la vida, y es incapaz de elegir entre el amor por la vida y la pasión por la literatura , pero sabe que una relación sana con ambas es imposible. Y en tercer lugar, Bolaño nunca ha dejado de ser un adolescente, en el buen sentido del término. Existen otros escritores que no tienen pelos en la lengua, pero cuyo sarcasmo está siempre movido por la mala leche. En Bolaño el sarcasmo está movido por la incapacidad de mentir. Otros escritores dirían que no conocen o no les atrae la obra de aquellos autores que consideran mediocres. Bolaño no puede por menos de decir que Allende, Mastretta o Coelho son lo que son, cualquier cosa menos literatura. Su vehemencia en aquello que defiende o que ataca los demás la dejamos atrás al salir de la adolescencia. Bolaño es vehemente porque es apasionado, sincero, culto (qué poco le gustaría a él esta palabra, sospecho), y como dice él de tantas personas "lo ha leído todo".
Bolaño habla como un torrente sobre poetas de los que servidor jamás había oído hablar, y he devorado hasta la última de sus líneas. Sus artículos, sus pregones, sus conferencias se leen con adicción, como quien come cacahuetes, y nos deja con sed de más.
Confieso que lo primero que intenté leer de Bolaño, Los detectives salvajes, me decepcionó y no lo pude acabar. ¡Qué ganas tengo de volver a echarle el guante!
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