De Kosztolányi leí el año pasado Alondra y La cometa dorada, ambas unas novelas excelentes. En ellas, como en Marai, vemos a una burguesía provinciana y decadente, y a unos personajes que quieren moverse por la pasión, pero se ven a menudo dominados por la más vulgar triviliadad. A diferencia del tristón y repetitivo Marai, a Kosztolanyi no le importa salpicar sus novelas de humor, un humor que puede llegar a ser bastante negro.
Anna la dulce (Anna Édes en la traducción catalana que estoy leyendo), es, como los otros dos, un libro fácil de apasionante lectura, fácil de leer y algo decadente, que espero poder terminar esta noche, con permiso de los niños.

