miércoles, 1 de diciembre de 2010

El Rey Blanco, de György Dragomán

Me parece que voy a ser de los pocos blogueros que no cantan las maravillas de este libro. Enorme decepción la que me ha provocado.
¿Motivos por los que este libro prometía tanto? 1) Literatura húngara, me gusta. 2) Libro alabado a diestro y siniestro por críticos y blogueros. 3) El nombre: Dragomán, con resonancias mazingerianas, ¡pero real!
Sin embargo, el gran atractivo del autor para mí se queda en eso, en su nombre y biografía.
Nacido en Rumanía, pero perteneciente a la minoría húngara. Joven, nacido en 1973. En el libro, claramente autobiográfico, relata su experiencia como niño de acontecimientos tales como la explosión en Chernobil, o los últimos años del régimen comunista.
¿Motivos por los que el libro me ha decepcionado? 1) La historia, que tiene un buen comienzo, se queda en una colección de anécdotas o, a lo sumo, en un relato costumbrista de la vida en el tardocomunismo. El señor Dragomán tuvo unas vivencias que podrían dar mucho de sí desde un punto de vista literario. Sin embargo, su falta de talento le impide hacerlo, y no va más allá de unas historias que pueden suscitar cierto interés en una charla entre amigos. El libro no nos revela nada, no nos descubre nada, no nos muestra el desarrollo de la personalidad de los protagonistas, no nos atrapa con la tensión de sus historias. ¿Y cuál es entonces el secreto de su éxito? La verdad, no sé a qué se puede deber. El Rey Blanco nos recuerda a esos libros que vienen a veces de algún país en vías de desarrollo, y que por tener unas historias sencillitas y un narrador medio apañado, nos entusiasmamos con él y nos creemos descubridores de nuevas literaturas. 
"Ahí va, cómo vivía la gente en el comunismo, fíjate, la gente hacía cola para todo, a veces sin saber qué se vendía, cuánto estoy aprendiendo cn este libro".
2) Un libro puede permitirse tener un narrador torpe, con un estilo plano y repetitivo, cuando ofrece algo a cambio, una historia interesante, unos personajes complejos, ideas profundas y atrevidas. Aquí, en cambio, el estilo cansino y anodino acompaña a unas historias sosas cuando no vacuas.
Un húngaro muy mal aprovechado.

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