jueves, 12 de febrero de 2015

Cuentos perdedores (7)



Por si no tenéis nada mejor que hacer en los próximos 90 segundos.


La noticia

Quiero darle una buena noticia a papá.

Desde hace días no me levanta en brazos, no me da un beso cuando vuelve del trabajo, no me pregunta si lo he pasado bien en el cole, y ni siquiera me riñe cuando me porto mal. Y luego a veces, de repente, me abraza tan fuerte que me hace daño, y empieza a besarme por toda la cara. Lo tengo tan cerca que veo que está a punto de llorar, pero entonces mira a otro lado, casi siempre a la tele.

Cuando está en casa, se pasa el día viendo las noticias, cambiando de un canal a otro, para ver si hablan de Edu. Antes hablaban siempre, y salía su foto a todas horas. Un día hasta salieron sus papás. Estaban sentados en el sofá de su casa, abrazados, y la mamá estaba llorando. Era el papá el que hablaba.

Papá les llama todos los días, y les pregunta si tienen alguna noticia. Yo creo que se refiere a si tienen una buena noticia, y no una mala, pero no sé por qué no lo dice. Luego siempre acaba con "hay que ser fuertes", y eso tampoco lo entiendo. A mí ya no me dice que tengo que ponerme fuerte. Cuando me dejo la comida en el plato, le miro, a ver si me dice algo. Está ahí callado, mirando el salero, y mamá le pone la mano en el brazo y se lo aprieta. Entonces la miro a ella y me explica que papá está triste y preocupado, pero también dice que no pasa nada.

Antes íbamos mucho a casa de Edu, porque Eduardo y papá son amigos. Se conocen desde el cole. Mamá y Lucía no iban al cole juntas, y a lo mejor por eso no son amigas. Edu y yo nunca nos hemos peleado, pero tampoco somos amigos. Cuando voy a su casa, papá siempre me dice "vete a jugar con Edu", y entonces me lleva a su habitación. Edu está ahí, jugando con su ordenador o con el Lego, y yo nunca sé qué hacer. Me siento en un rincón, al lado de una caja donde guarda los juguetes, y los voy sacando hasta que encuentro alguno que me gusta. Luego, después de mucho rato, viene papá y yo pregunto "¿ya nos vamos?", pero a veces dicen que nos vamos a quedar a cenar. Nos sentamos a la mesa y entonces nos preguntan si lo hemos pasado bien jugando y siempre decimos los dos que sí, pero no nos miramos.

Un día, antes de salir para ir a casa de Edu, papá dijo que tenía una sorpresa. Me lo dijo con esa cara que pone cuando me va a decir algo que no me gusta, y se cree que si dice "es una sorpresa" me pondré contento. Y dijo que esa noche me iba a quedar a dormir en casa de Edu. "Vaya aventura, ¿no?". Le contesté que sí, porque no quería que se pusiera triste, como ahora. Esa noche en casa de Edu jugamos con el ordenador, primero él y luego yo, y después vimos una peli. Por la noche me hice pipí en la cama. Cuando vinieron papá y mamá a recogerme me preguntaron qué tal lo había pasado. Les dije que bien, y entonces papá dijo: "bueno, pues el sábado que viene puede venir Edu a dormir en casa, ¿qué te parece?". Le dije que bien. "¿Y a ti, Edu?" Edu hizo así con los hombros.

Cuando llegaron, el sábado siguiente, Edu tenía churretes por toda la cara. Se notaba que no quería venir y que había estado llorando. Me fui a mi cuarto y al cabo de un rato papá abrió la puerta y me riñó. "¿Es que no vas a jugar con tu amigo?". Entonces entró Edu y yo le di la caja de Lego. Se sentó en un rincón y yo en el otro, y nos esperamos así hasta la hora de cenar. En la cena, yo me lo comí todo, y Edu no comió nada. Luego, por la noche, Edu se hizo pipí en la cama y se puso a llorar, muy flojito. Papá lo levantó, lo lavó y le cambió las sábanas.

*     *     *

Por fin le he dado una buena noticia a papá.

Mamá se ha ido a hacer la compra y me ha dejado un rato solo. Estaba la tele puesta y he visto las noticias. Ha salido otra vez la foto de Edu. Cuando ha vuelto mamá no le he dicho nada. No quería que me estropeara la sorpresa. Luego ha venido papá y he ido corriendo a darle la noticia. "¡Han encontrado a Edu!" Se ha quedado callado, quieto, con la boca abierta. Se ha sentado en el sofá, de golpe, ¡pum!, y eso que a mí siempre me regañan si me dejo caer así. "Lo han encontrado", le he dicho otra vez. Papá me miraba y yo no sabía si me entendía. Entonces le he dicho que lo han encontrado en un pozo. Se ha llevado las manos a la cara y se ha puesto a llorar. Lloraba tan fuerte que hasta se ha puesto a temblar, y parecía que tuviera hipo.


8 comentarios:

  1. De cuento perdedor, nada. Me parece de una factura impecable. Gracias por compartirlo.

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  2. En pocas palabras atrapas un instante enorme. Me encanta la visión del niño que no entiende más allá de su mundo.
    Un abrazo.

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  3. ¡Vivan los cuentos perdedores!

    Está escrito de forma impecable. El final es menos perfecto, tuve que leerlo dos veces para entenderlo, pero en conjunto me gusta muchísimo.

    Un abrazo,
    Sonia

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    Respuestas
    1. Gracias, Sonia. Yo creo que es imperfecto desde el principio, pero sí creo que, en conjunto, es resultón.
      Un abrazo.

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  4. Me gusta esa idea de que los padres quieran que sus hijos se hagan amigos pero los niños no congenien. Yo he vivido situaciones parecidas. Y no sé por qué, pero me esperaba un giro pedófilo al final. Creo que es por una noticia que acabo de ver en el Telediario.

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    Respuestas
    1. Creo que todos hemos vivido alguna situación parecida. Ahora, como padre, intento evitarlo, ¡y qué difícil es a veces!
      La historia está inspirada vagamente en un triste recuerdo de mi infancia, el secuestro del hijo de un amigo de mi padre.

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